03 marzo 2016

Carmen Maroto





Cuando te pienso
complicas mi rutina,
deshaces las horas de arena
derrumbando la desgana,
infringes las leyes que me obligan
a vivir inalterablemente.

Cuando te pienso
renuevas el aire,
ventilas la estancia,
supones el desorden
de los nombres
que sobreviven a la distancia.

Me desvelas
rompes la noche
la partes, la fragmentas,
te pienso
y me convierto en mujer poeta.

Cuando te pienso.



02 marzo 2016

Carlos Barral




A veces

A veces cuando era
temprano todavía para verte
o cuando la ventana
se abría a la distancia y al sonido
de tanto hierro puesto y tanta arena
que cruje a tierra extraña en los caminos
remoto a la esperanza
me volvía a aquel sitio en que dejamos
las soledades juntas y las voces.

Te hallaba limitada
de corazón disperso y de alegría
por todos los costados y flotando
en la noche segura y abundante
que nunca se consuma.

Sin embargo a lo lejos
tan pronto me acogías con los nombres
de las cosas comunes, en sigilo
sentía que tu isla no estaba ya a mi alcance.

Entonces por entero
reincorporado al límite del cuerpo
volvía a la certeza de la espera.



Amor Fernandez Diez




Resbalan...
resbalan por mi cuerpo
gotas de luna ...
La sombra del olvido
haciendo hueco
en mi piel.


01 marzo 2016

Isabel Alamar




El invierno llegó muy frío
aquel año y envuelto o revuelto
en tristeza, los pájaros no querían
ya cantar ni alumbrar las estrellas,
pero entre todos hicimos un gran fuego
y nos pusimos en círculo y nos
dimos las manos y comenzamos
a contar uno por uno nuestras historias
y la noche era menos oscura entonces
y la luna como la vida mucho más llena




Leopoldo María Panero





EVE


Porque hiciste mi gesto eterno supe
que eras la muerte: porque ella sólo podía
amarme si no había
                             hombres para mí, vivos:
sólo ella
             podía amarme: y supe también que tú eras
la muerte, y que me amabas.
El rostro de la Humanidad era
para mí el de nadie: como para ella,
como para ti: eres negra y no quieres
nada de lo que vive y no sabe
hasta morir que te desea.
                                      Y vi a través de ti, cómo surgían
y surgen cabezas de la tierra helada:
cabezas, yelmos, corazas, espadas
es el fruto que cosecha la tierra en este año
que tanto recuerda al Último, al siguiente,
y me amaste porque yo lo veía, porque
veía crecer ya en el huerto el fruto
monstruoso que incorporaba en sí
todo dolor e injusticia y desastre
y me dijiste: «He aquí mi primer hijo
yo que nada sabía del ridículo gesto
de nacer!». Y agregaste:
«Este reirá de todo,
y lo encenagará todo con
el veneno de su risa mortal:
                                         cuando no haya nadie
que recuerde cómo se reía, este reirá».
Y te reíste de mí, como mi madre
al ver que yo había nacido de ella.
                                                    Tan inmenso
era el frío en las ciudades
que algunos sabían que no era locura
ni es, creer que caerán —sobre mí
o seré yo el que caiga al morir sobre tu cuerpo.
                                                          Pero en el frío crecían
seguían creciendo —la peor de las alfombras
de césped— los huesos y la carne de los soldados
que crecían sobre la tierra helada. Y me dijiste:
«ellos no tendrán miedo, porque están
muertos, lo mismo que tú que me amas,
                                                             a mí que soy negra
como la vida e hice una piedra de tu gesto»
Y los muertos brotaban sobre la tierra húmeda
—cabezas, yelmos, corazas y espadas
porque la Muerte se había hecho vida.
                                                           Y pregunté
—te pregunté entonces—: «Será mi alma
buen alimento para perros?» Y contestaste: «no esperes
que ella sirva para otra cosa: fue creada
y pensada lo mismo que tu cuerpo y huesos para
nutrición de los perros finales —lo mismo
que tu palabra». «Y ¿nada he de esperar?» «Nada».
Y vi como espadas y corazas y yelmos
surgían sobre el campo más yermo.
Y me olvidé.