05 abril 2016

Luis Cernuda










Donde habite el olvido


Donde habite el olvido,

En los vastos jardines sin aurora;

Donde yo sólo sea

Memoria de una piedra sepultada entre ortigas

Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje

Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,

Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,

No esconda como acero

En mi pecho su ala,

Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,

Sometiendo a otra vida su vida,

Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,

Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;

Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,

Disuelto en niebla, ausencia,

Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos; Donde habite el olvido.
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04 abril 2016

María José Collado











RESCATE


Pasaron siendo humo
por la pantalla de los días,
fueron cabos sueltos
de una mochila al hombro.
Apenas un rescate de gestos,
la pálida luz de una mirada,
un guante en la mesa de un café
o la ceniza muerta en un brasero.
Sigo la estela de los cisnes
en esa hora transparente,
cuando recorren en silencio
El lago azul de la memoria.



Del libro: TAPIZ DE AGUA

Fernando Beltrán,


Mi madre me enseñó a hacer trampas.

Trampas para perder.

Ganar era tan fácil que lloraba por la noche
y no podía conciliar el sueño.

Cogidos de la mano me calmaba
relatándome historias que sucedieron luego.

La culpa fue mía,

madre me preguntaba
si las quería reales o inventadas
y yo pedía siempre que le hubieran
sucedido a ella.

Y casi sin quererlo
una noche mi madre inventó la realidad.

01 abril 2016

Ana García Briones





Me avanza el desaliento
de la guerra,
como un amargo trago
en un desierto de humo,
como una mordedura
de dolor intenso.

Me avanza el desaliento
y la tristeza,
cuando la paz se esconde
y la calma se agota,
cuando el amor
deja de ser,
el verdadero sentido
de nuestra existencia.


Del libro: Partos de luz.



Luis Hervás Cuartero



A TI, HERMANO


Quiero que se iluminen tus ojos.
Quiero ver en ellos un hilo de maldad,
el rastro sombreado de un insulto,
el deseo fugaz de una venganza,
pues la venganza, más que el amor,
necesita el tibio mecerse en el futuro.
Y yo quiero ver ese futuro en tus ojos
para lo que tú desees, para lo que tú
te ordenes. Y quiero notar en la yema
de tus dedos el tacto de la vida
que nos queda a ti y a mí, hermano,
el tacto de la felicidad que te debes,
el tacto alegre de las horas
que por compartir nos quedan.