23 diciembre 2016

Faustino Lobato Delgado





TRANSEUNTES



Nos volvimos a besar, y la caricia destapó,
libre de amarres, los demonios de la pasión.
Un rito peligroso, sin igual.

Todo se volvió nada, feliz vacío,
en esa danza, limpia, vertiginosa

de los cuerpos, pendientes de la sombra.

Los ruidos, fecundaron otros ruidos
en ese torbellino, límpido, de caricias
donde la piel, perfecta, se hizo agua
y las manos ciegos transeúntes

agarrados al alma.

Berna Wang





Que la vida te regale en su momento...




Que la vida te regale en su momento
sólo el dolor preciso:
ni tan leve que pase desapercibido


ni tan grande que lo invada todo.
Que no te olvides
ni necesites analgésicos para olvidar.
Sólo el latido exacto en el lugar justo
para saber que la herida está ahí,
que hay que tener paciencia,
y cuidarla hasta que cure.

22 diciembre 2016

Eusebio Garro Guerrero



Tu
Tu, soñadora de lo ingenuo,
tu, de verbo locuaz y abierto,
abre las ventanas al viento,
deja que la luz de la vida,
pase libremente por ellas,
para que tamicen los versos,
que hablan de amor y desamor,
de deseo, pasión y sexo,
de dicha, lealtad, y anhelo,
de soledad o tal vez pena.
Que la verdad, se haga poema,
que las palabras, no naufraguen,
en la ciénaga gris del verbo,
de frases vanas e inservibles,
de versos nulos e inconexos.
Deja que su lectura sea,
la frágil magia que amamante,
nuestra mente, espíritu y cuerpo,
que ensamblen mundos internos,
de infinitos y fríos silencios.




E.G.G. ©

Felicidad González





Puedo engañar a mis ojos,
aunque cerrarlos no pueda,
y decirles que lo que miran
está en desacuerdo con lo que imaginan.
Engañar a mi corazón
es más difícil,
noto como se encoge,
como se acelera,
como me grita
y me falta el aire
y me roba el aliento,
y me debilita.

Entonces sé,
que no me equivoco,
que estoy en lo cierto,
mi corazón,
... nunca me mentiría.



Esperanza Medina Martínez





CARTA ABIERTA

Dime que me calle

y yo,

que no pretendo otra cosa que tus ojos
enmudeceré dócil,
olvidaré los signos de las letras,
esconderé los lápices,
dedicaré mis manos a tareas
finitas, cotidianas…
Pero dime que vuele y te recree,
que preñe la palabra
de susurros, cosquillas, sensaciones…
de promesas, de lágrimas,
y dejaré
vacía mi despensa,
solitaria mi casa,
para que quepan dentro, sonrientes,
los nombres de los hombres
a los que nadie llama.
No sé cómo nombrarte,
pero sé que me escuchas,
que me hablas…
(situado justo frente a estas palabras).