Quiero que vengas ami casa,
que me toques el pelo.
Sentir la salida de mis pensamientos
por un desorden ordenado.
Y la calidez de las complejas hebras
enredarse en tus dedos para darte aliento.
Quiero que me toques el pelo,
en esta tarde de insectos dormidos
y caracoles por barandales de invierno.
Quiero el fuego de tu boca,
esparcido por el frío circundante.
Quiero mi pelo en tu pretexto,
mi desnudez en tu encanto relativo y repetitivo,
un obra de arte inédita
y el agua de tu boca helando la fiebre
con maestro consagrado a su obra sin terminar.
Quiero que vengas a mi casa
la de la esquina azul de cortinas
almidonadas en ollas de cobre vendidas por gitanos,
y tenedores rescatados de salitreras muertas
y escondidos en el Norte viejo, en el Norte enfermo.
Quiero que te enredes hasta el deseo del no deseo,
como sería tener la suerte de una bitácora secreta,
o ser la brújula perdida de nosotros mirándonos.
Lámparas sin lumbre, velas acabadas.
Quiero que me toques el pelo,
y en un simple gesto imprevisto,
recrearte junto a mí
en esas puertas azules
envidiosas de mi pelo tuyo.
María A Fernández F


1 comentario:
corre corre meu amor,nao percas o teu tempo precioso,nao te deixes adormecer porque a vida tem a um fio muito fino e pode acabar de um memento ao outro sem apelo nem agravo e podes nao re tido tempo de realizar os teus sonhos né???
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