02 abril 2010

Antonio Gala



Tengo La Boca Amarga


Tengo la boca amarga y no he mordido;

el alma, atroz, y la canción, tronchada.

No sé qué fuerza traigo en la mirada,

ni qué traigo en mi cuello, de vencido.

No sé ni cómo ni por qué he venido.

Esto es todo: llegué; no sé más nada.

No me importa el quehacer ni la jornada,

y me da igual herir que ser herido.

La sangre, a punto, se impacienta y arde

por inundar la alcoba a la que vine,

donde fui tan feliz que fui cobarde.

Sólo pido al amor que no se obstine.

Me sentiré a su orilla cualquier tarde

para que alguien, de paso, me termine.
Imágen de MASEN

01 abril 2010

Ángela Mallén,



CARRETERA SECUNDARIA
(Axioma Séptimo)


Siempre llega ese día en que corres en coche
por una carretera entre viñedos,
alcornoques, madroños
y pájaros sentados en los cables.
El cielo azul turquesa, por detrás de las nubes,
es zona donde empieza el más allá.
Hay un carro sin ruedas junto a un muro de piedra.
Algún pueblo se llama San Martín.

Se componen las calles bajo una lluvia fina,
recogiendo las casas viejas diseminadas.

Es muy débil el alumbrado público.
Pero siempre se ve lo que se quiere ver.

Los carteles se acercan y se alejan
como gatos y miopes,
como dicha o infortunio.
Como todo. Por la rambla.

Un pajarraco grazna, y es oscuro.
Puede que grazne de felicidad.

Margaret Atwood,


Fue uno de esos hombres

incapaces de matar a una mosca...

Muchas moscas viven ahora

y él no.

No fue patrón mío, prefería

los graneros repletos; yo, la batalla.

Presagiaban matanza mis rugidos.

Y sin embargo ahora estamos juntos,

en el mismo museo.

Tampoco veo los grupos caprichosos

de niños admirados

que aprenden la lección del olvido

multicultural, sic transit

y etcétera.

Veo el templo donde nacío

me levantaron, donde fui poderosa,

y más allá el desierto, con sus tumbas

calientes en forma de cono, a decir verdad

y a la distancia, muy semejantes

a orejas de burro,

donde se ocultan mis bromas: piel y huesos

resecos, las barcas de madera

donde los muertos navegan

sin rumbo por toda la eternidad.

¿Qué esperábais oír de dioses

con cabeza de animal?

Y sin embargo, si bien se piensa,

los que inventaron luego, completamente humanos,

tampoco se lucieron.

"Ayúdame, hazme rico

destruye a mi enemigo"

parece ser la pauta en general.

Y también : "Sálvame de la muerte",

a cambio de vuestras ofrendas de sangre

y pan, oraciones y flores,

mucha palabrería.

Tal vez se me escape algo, pero si buscáis

amor altruista, os habéis equivocado de diosa...

Me quedo donde estoy,

hecha de piedra e ilusiones,

que la deidad que mata por placer,

también sane;

que en la última pesadilla aparezca

una leona buena con vendas en la boca

y cuerpo suave de mujer,

y que os limpie la fiebre a lametazos,

que os levante el alma con dulzura, por el cuello,

y os abrace hasta la oscuridad, el paraíso.

Jose Antonio Antón Pacheco



La exhalación en la zarza.

El hálito en la zarza.

El aliento en la zarza.

Perdida y olvidada. Ni en la cumbre ni en el bosque.

Ni en la torre ni en la atalaya. Escrita pero no hallada. Exiliada, encontrada.

La palabra en la zarza.

Jesús Delgado Valhondo.





LA ESTACIÓN


La estación bajo un álamo
de cantos que reverdecen,
tiene tres niñas que esperan
que alguien de ayer se las lleve.
Arrastra un tren las miradas
de las tres hijas del jefe.
Álamo: pez en arcilla.
Pájaro, ¡ay! que se pierde.
La canariera amarilla
se torna de color verde.