10 junio 2008

Poema de Lupe García Araya .Copyright ©



Hoy eres un libro de versos prestados

y tristeza arrancada del cielo.

Tarde de hombres desheredados

y espuma azul.


Escribo tu palabra de arcilla y trabajada,

tu parto fecundo y ansioso de vida.

Escribo la posible cicatriz de tu carne

contra el viento pesaroso de la noche.


Sin embargo,

estoy archivando cobijo para mañana,

pues nunca se sabe la verdad completa,

los hambrientos que habrá

o el dolor que nos aguarda.

Madrugará la lluvia taladrando mis palabras,

entonces ya no seré nada,

simplemente un idioma sedoso

que dormirá la tristeza en tus ojos.




Del libro “Imágenes de agua y tiempo”
Foto de Pedro Javier Martín Pedrós.

Poema de Pedro Salinas








Aquí,

en esta orilla blanca

del lecho donde duermes,

estoy al borde mismo

de tu sueño. Si diera

un paso más, caería

en sus ondas, rompiéndolo

como un cristal. Me sube
el calor de tu sueño

hasta el rostro. Tu hálito

te mide la andadura

del soñar: va despacio.

Un soplo alterno, leve,

me entrega ese tesoro

exactamente: el ritmo

de tu vivir soñando.

Miro. Veo la estofa
de que está hecho tu sueño.

La tienes sobre el cuerpo

como coraza ingrávida.

Te cerca de respeto.

A tu virgen te vuelves

toda entera, desnuda,

cuando te vas al sueño.

En la orilla se paran

las ansias y los besos:
esperan, ya sin prisa,

a que abriendo los ojos

renuncies a tu ser
invulnerable. Busco

tu sueño. Con mi alma

doblada sobre ti

las miradas recorren,

traslúcida, tu carne

y apartan dulcemente

las señas corporales

por ver si hallan detrás

las formas de tu sueño.

No lo encuentran.

Y entonces pienso en tu sueño. Quiero

descifrarlo. Las cifras

no sirven, no es secreto.

Es sueño y no misterio.

Y de pronto, en el alto

silencio de la noche,

un soñar mío empieza

al borde de tu cuerpo;

en él el tuyo siento.

Tú dormida, yo en vela,

hacíamos lo mismo.

No había que buscar:

tu sueño era mi sueño.

Jose Antonio Antón del libro " La lluvia perseguida"



Después que hubimos entonado el alegre peán,

un grupo de muchachas bailaron con las manos

entrelazadas, como se entrelaza una corona de hiedra

y pámpano, y de esta manera perecían Ebe todas ellas.


Y alguien, entonces, vio que las arreboladas flores

puestas en una hidria de bella forma, iban per-

diendo su color, lentamente.


Del libro " La lluvia perseguida "
Fotografía de : Autres Travaux

POEMA DE LUIS CERNUDA



EL VIENTO Y EL ALMA

Con tal vehemencia el viento
viene del mar,
que sus sones
elementales contagian
el silencio de la noche.

Solo en tu cama le escuchas
insistente en los cristales
tocar, llorando y llamando
como perdido sin nadie.

Mas no es él quien en desvelo
te tiene, sino otra fuerza
de que tu cuerpo es hoy cárcel,
fue viento libre, y recuerda.
FOTO DE NIRA